Etsuro Sotoo: “Lo hice todo para mirar donde miraba Gaudí”

7 minutos

 Etsuro Sotoo, el japonés que quería esculpir, lleva cuarenta años trabajando para Gaudí y contemplando la belleza de la Sagrada Familia

A veces, muy pocas, se consigue una entrevista de la nada. Mi encuentro con Etsuro Sotoo fue totalmente casual. Desde el momento en que me pidió si se podía sentar a mi lado en un banco de la estación de Pamplona, sabía que tenía al lado al famoso escultor japonés de la Sagrada Familia. Nuestro tren llegaba con una hora de retraso. Durante ese tiempo, él hacía un minucioso escáner de toda la estación y yo pensaba en una manera de abordarle. Dos minutos antes de la llegada de nuestro tren, lo hice. Él, sorprendido, accedió a un encuentro en frente del templo de su vida.

Etsuro Sotoo fuera del templo de la Sagrada Familia. Foto: The Japan Times

¿Cuánto tiempo lleva en la Sagrada Familia?

Cuarenta años. Llegué en el 78, a finales de mayo, y luché para que me dejaran trabajar de picapedrero. Me hicieron un examen como escultor, lo aprobé y me hicieron escultor en lugar de picapedrero.

¿Vino a Barcelona para trabajar como escultor?

No, vine a Europa para picar piedra. No sabía casi nada de España. Yo llegué a Europa y quería ir a Alemania. En mi casa, mi maestro, todos me hablaban de la Segunda Guerra Mundial, que en esa época era más reciente. En Alemania y Japón, estaba todo destrozado. En Alemania, todo estaba hecho de piedra. Levantaban otra vez las ciudades con una gran facilidad. Cuando supe eso, quise ir allí.

¿Cómo llegó finalmente a Barcelona?

Llegué a París porque era lo más barato para mí. Antes de ir a Alemania, en mi estancia en París, me quedé entristecido. Había mucha cultura y piedra pero todo estaba terminado, no había ni un hueco para trabajar. Era una ciudad muy difícil. Necesitaba animarme y antes de ir Alemania decidí bajar para renacer. Así decidí ir a Barcelona. Sabía que aquí había algo de Gaudí.

¿Le conocía?

Simplemente sabía su nombre y de la existencia de la Sagrada Familia.

¿Entonces hizo la prueba para entrar en la Sagrada Familia.

En esa época era difícil. Hoy en día todo el mundo sabe que hay una jerarquía y quién está detrás de la Sagrada Familia. En aquellos tiempos nadie sabía quién lo dirigía o cómo funcionaba la construcción. Incluso mucha gente odiaba la Sagrada Familia.

¿Por qué?

Era una construcción lenta, no se entendía por qué se hacía. Además, no se veía el sentido de seguir construyendo si Gaudí estaba muerto.

La Sagrada Familia. Ilustración: Malu Serrano

¿Cómo fueron los primeros años trabajando?

Al inicio no entendía casi nada. Estuve dibujando frutas, un esqueleto móvil… Yo decía que quería picar piedra, pero los escultores no picaban, ellos solo dibujaban y los picapedreros eran los que picaban. Me habían contratado como escultor, pero claro tuvieron que cambiar el chip porque yo también quería picar. Me daban un proyecto con un presupuesto y me decían que podía esculpir yo o contratar a un picapedrero. Entonces yo diseñaba y picaba piedra. Lo primero que hice fueron unos pináculos. Cuando vieron el resultado, les gustó y me contrataron definitivamente.

¿Diseñaba usted o eran esculturas proyectadas por Gaudí?

Después de su muerte, había maquetas y estaban sus discípulos. Si ellos decían que se tenía que hacer algo, no se podía discutir. Yo solo seguía las indicaciones y las maquetas que había. No había problema. Hubo un momento  en que se acabaron las maquetas y murieron los discípulos, entonces empezó el caos. Los arquitectos son muy orgullosos y cada uno tenía su Gaudí en mente. Entonces, tuve que buscar al verdadero Gaudí, no el mío.

¿Cómo lo hizo?

Fue una época de mucho sufrimiento, varias veces tuve momentos críticos en los que tomaba la decisión de dejar el trabajo. Era una oscuridad total, no sentía calor en verano, no sentía el frío en invierno. Fue un largo infierno. No tenía nada  a lo que agarrarme, pero debía continuar adelante. ¿Cómo lo haces?

Te caes continuamente.

Eso es. Vacío. Sobre todo, no tenía luz, no veía nada. En aquel momento, odié a Gaudí. ¿Por qué no me ayudas? Pensé que no me ayudaba, ni me miraba. Entonces, ¿dónde mira Gaudí? A algún sitio estaría mirando Gaudí. Lo hice todo para mirar adonde él miraba. Era como si entre Gaudí y yo hubiera un gran valle, había poca distancia entre nosotros pero mucha profundidad. Entonces, me convertí y me bauticé. Había estado doce años buscando. En aquel momento, miré donde él miraba: Gaudí entró en mí y yo me sentí dentro de él. Tuve un sentimiento de total libertad.

Se sintió totalmente identificado con Gaudí.

No puedes seguir la obra que otro artista dejó si no ves lo que él ve. Gaudí ni siquiera se veía como un genio o un artista. Simplemente hacía lo que tenía que hacer. Todo el mundo se sorprende con su obra pero él pensaba que era lo que tenía que hacer.

¿Entonces, por qué lo hacía?

Gaudí intentaba realizar lo que quería realizar su maestro.

Jesús.

Un gran maestro, si dice que es el mejor, no es buen maestro. El mejor maestro coge tu mano y te lanza hacia otro maestro que te enseñará más. Gaudí lo hizo, nunca diría que él era el mejor. Dalí y Picasso lo hacían. Picasso no aguantaba a Gaudí, no lo entendía. Sabía que nunca podría superar a Gaudí.

Entonces Gaudí proyecta la Sagrada Familia para proyectar a Dios.

Para él fue algo natural, salió lo que tenía que salir. Para nosotros es algo extraordinario porque no vemos más allá.

Interior de la Sagrada Familia. Foto: Ferran Fusalba

¿Gaudí no veía la Sagrada Familia como algo extraordinario?

Sentía gozo, pero era algo que tenía que hacer. Hasta ahora, nadie ha hecho algo así, solo Gaudí.

Podemos decir que Gaudí construyó la Sagrada Familia para evangelizar.

Gaudí no era feliz, estuvo muy enfermo toda la vida. Tenía reuma. Debía andar 10 kilómetros cada día. Sobrevivió hasta los setenta y cuatro de milagro, por su fuerza, su control y su lucha.

No era feliz y quería serlo más que nadie. Lo buscaba y descubrió que para ser feliz debes darle la felicidad a otro. Esa es la única manera. Toda su obra, de manera diferente, porque cada cliente es diferente, iba encarada a dar felicidad. En la Sagrada Familia, Gaudí quiso dar felicidad a este amo. ¿Quién es?

Dios.

Es muy difícil darle felicidad a Dios. Gaudí lo intentó y lo consiguió. ¿Cómo le darías felicidad a tus padres?

Haciendo que se sintieran orgullosos. Con un buen trabajo, una familia…

¡No! Los padres son felices cuando sus hijos son felices. Tu tienes que ser feliz olvidándote de tus padres, cuando seas feliz de verdad es cuando tus padres serán felices. Gaudí no solo quería dar felicidad a Dios, sino que nos enseña cómo tenemos que vivir. Si somos felices, este dueño (Dios) es feliz. Para eso tenemos que buscar nuestra manera de vivir. No solamente hace una iglesia, sino que nos enseña a vivir.

¿Hemos perdido capacidad de observación?

Lo que Gaudí más valoraba era la observación. Él decía que el hombre nunca crea, sino que encuentra lo que ya está hecho y para encontrar necesita observar. Hay que buscar siempre modelos. Eso es lo que hizo Gaudí, por ejemplo, con la naturaleza, un modelo siempre fresco. Por eso es importante el poder de observar. La mayor fuerza de los jóvenes es la observación. Si alguien observa, lo saca todo. El problema es cuando los jóvenes no entienden esto.

Ya no nos sorprendemos tanto…

Estamos todos encarcelados por el tiempo y el espacio. En nuestro origen, nos han dado infinito tiempo y espacio. Ahora la gente viaja más que nunca pero siendo así estamos limitados. La gente se puede mover 10.000 kilómetros pero están limitados. En realidad tenemos infinito tiempo y espacio. El secreto es descubrirlo.

Parece fácil.

Muchas veces tengo la oportunidad de hacer de guía en la Sagrada Familia de gente muy importante. Cuando explico algo observo a la gente. Hay gente muy importante, “jefazos” de grandes empresas, que ni me escuchan. Son gente que realmente no son los jefes, ellos tienen otro jefe. En cambio, hay otra gente que en la misma situación despierta y se emociona… Se olvidan de lo que tienen que hacer luego y se centran en las explicaciones. Pierden la noción del tiempo. Observo que esta gente no tiene jefe, ellos son su jefe, por eso buscan. Su trabajo no tiene nada que ver con Gaudí, pero saben el valor de eso para ellos. La observación es la base de todo.

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