El color de la Movida

El color de la Movida
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¿Tienes fuego? Sí, toma. Gracias. Oye, ¿por curiosidad no tocarás algo? Prefiero cantar. ¿Te gusta Lou Reed? Me vuelve loca. ¿Habéis oído, chicos? Es perfecta. Y bailar… Eso sale solo. ¿Lo hacemos? ¿Lo del grupo? Eso también.
(Un domingo cualquiera en el Rastro. Madrid, 1978).

Algo así debió ser el nacimiento de Los Zombies. Es curioso, uno suele imaginarse el pasado en blanco y negro. Pero aquí, entre las paredes de este bar, se puede sentir el abrazo de una conversación ingenua de gente con cosas que decir y dispuesta a experimentarlo todo. Uno se para y es como si le recorriera la espalda un no sé qué y el ayer volviera a repetirse.
Canciones, cine, arte, canciones...
Y Madrid…
Madrid no volvería a ser la misma.

EL ROJO DEL PENTA
JUANMA ALONSO, DUEÑO DEL BAR DE LA MOVIDA

El bar de La chica de ayer ya lo era cuando Antonio Vega se pasaba por El Penta, no a escuchar, sino a por el zumo de tomate que le preparaba Juanma. Lo hacía con un toque de limón y pimienta, como a él le gustaba, con una devoción que aún conserva hacia su amigo.
Juanma Alonso está con la misma mujer desde el colegio. Padre, dueño y guardián de este bar, donde trabajó de camarero en los 90 y donde habla todas las noches, aunque sea un poquito, de Antonio, de aquellos años de música, de la Movida. Siempre le pasa lo mismo.

¿Recuerdas la primera vez que pisaste este bar?

Fue buscando trabajo en el 90 y me impresionó porque yo no sabía lo de La chica de ayer. Parece mentira, pero nunca me había fijado en esa estrofa. Me pareció un sitio muy normalito. Cuando ya empecé a trabajar de camarero y un día me llegó Antonio Vega ya vi que era un sitio especial. Bueno, luego estuvieron Enrique y otros miles de músicos de la Movida. Entonces, te dabas cuenta de que por aquí pasaba algo. Y cada uno te contaba su historia.

¿Como, por ejemplo?

Hay una anécdota de Antonio que me gusta contar. Él decía que cuando venía por aquí, ya después de haber escrito La chica de ayer, había unas colas para entrar que llegaban hasta la que hoy se llama plaza de Antonio Vega. A veces, no conseguía entrar hasta cuando estábamos cerrando, pero él con entrar al Penta era feliz. Es curioso que todavía no fuese tan conocido y luego fíjate… lo que fue Antonio Vega.

¿Algo que le describa?

Antonio era un tío de detalles. De repente veías en él algo que no te cuadraba. Por ejemplo, cuando hicimos el 25 aniversario del Penta, que fue en una sala más grande porque aquí no cabíamos, cuando se iba a marchar, le dije: “Tío, pásate más por el Penta, que la gente te vea, que últimamente vienes muy poco y ya sabes que se te quiere mucho”. Me dio un abrazo y me dijo: “Si ya sé que me queréis mucho”. Y le dije: “No, no, si lo digo por la gente que te quiere ver”. Y me dijo: “Ah, ¿sí?”.

Además, por aquel entonces ya era famoso.

Sí, pero estaba un poco fuera del tema. Él todo eso de la fama no lo entendía. Para él era una persona normal.

¿Eráis conscientes de que era un momento de cambio?

Claro, sobre todo porque nos dábamos cuenta de que éramos nosotros los que estábamos haciendo las cosas. Pero no le dabas la importancia que luego ha tenido. Ha habido sitios, como uno de los primeros edificios okupas de Madrid, en Prosperidad, donde ensayaban grupos que luego fueron famosos. Y fue luego cuando me di cuenta de eso.

Al final eran sitios en los que confluían artistas gráficos, músicos y todo tipo de arte. Tal vez no se ve eso ahora.

Bueno, en aquel momento era un tío que pintaba. Aquí venía mucho un tío que quería hacer cine que estaba empezando, como los que empiezan ahora, y luego resultó que ese que quería ser director era Pedro Almodóvar.

Ahora que sacas a Almodóvar… mucha gente dice que el mérito era más de Fabio, su mano derecha, ¿tú qué piensas de eso?

No los conozco y no puedo decírtelo. Por lo que he leído y me han dicho, efectivamente el genio era Fabio. Pero, a lo mejor, Fabio le influía más en el tema música. Porque luego cuando él ha sido director de cine…

¿Cuál es la historia de este bar?

El Penta ha tenido tres grupos de dueños. Los primeros inventaron el bar de copas, y eran tres chicas.

Olé, tres pibas.

En el 76, ¿eh?, que tres pibas ahora es difícil, pero en el 76… y lo sacaron adelante. Después de ellas estuvieron cuatro chicos. Uno era hermano de Teresa y por eso Antonio venía tanto por aquí. Hubo una crisis bastante grande en el 93-94, empezaron a perder dinero y lo vendieron. Fue entonces cuando los chicos de la alimentación de enfrente vinieron a mi bar y me lo contaron. Me dijeron que iban a poner una cervecería y me dio una pena. Mi Penta... Se lo dije a mi actual socio, mi cuñado, con el que había trabajado de camarero aquí y dijimos “lo pillamos”. Los dueños eran amigos nuestros y nos lo dejaron un poquito más barato. Así que lo cogimos para que siguiera igual.

¿Tan peligroso era?

Sí. Finales de los 80, principio de los 90. Cuando yo empecé a trabajar, era un sitio peligroso porque había mucha droga, venían yonkis de todo Madrid y había camellos de todas las clases. Entonces, el yonki que venía a pillar y no le daban porque no tenía dinero atracaba al primero que encontraba para poder comprarse la droga. Mientras tanto, no había ningún problema. Pero eso fueron ocho o nueve años.

¿Cómo convives con eso si no quieres formar parte de ello?

A mí no me ha costado ningún trabajo, me han respetado siempre. Desde chiquitito, cuando tenía catorce años y alguien se fumaba un porro, lo iba a pasar y le decía: “No, yo no quiero”. Y pasaban a otro. Luego, más mayor, la gente se metía coca, por ejemplo, y ni me ofrecían.

¿Había mucha gente que siguiera tu camino?

Yo creo que la mayor parte lo probó más o menos. De todas formas, siempre me he movido con un tipo de gente que puede que hayan tonteado un poquito pero no se han metido nunca en drogas. Y otros tantos que sí, pero vamos… Conozco a bastante gente que no.

¿Cuál era el rincón de juego aquí?

Aquí todo el mundo se ha drogado siempre, pero no en el Penta. La gente lo respetaba mucho. Casi nadie quería cagarla para que le echaran y no volver. Así que, si alguien se drogaba, se iba fuera, a la calle o a otro sitio, y luego venía.

Ahora vas a un bar y a la mínima que estés un poco tocado no te dejan entrar, antes iban como iban y entraban.

Es que antes había una cosa que no hay ahora, que son los guantazos. Me explico. Antes, cuando alguien se pasaba le decías: “Tío, te tienes que salir”. “No”. ¡Pumba!, a la calle. Y se acababa el problema. Suena muy crudo, pero es así. Como ahora no puedes echar a nadie, el problema te lo quitas fuera. Antes la gente venía como le daba la gana porque daba igual. Yo conozco a muchísimos que venían hasta arriba de todo y no daban ningún problema.

En general, ¿era por fenómeno contagio? Si los demás lo hacen, yo lo hago.

Sí, eso supongo que era igual que ahora. Ves a los demás y dices: “Bueno, voy a probar”. También es cierto que por aquel entonces salíamos de una época oscura que era la dictadura. Nosotros no habíamos vivido la represión en nuestras carnes, pero sí sabíamos lo que era. Entonces, llegó el momento de la eclosión de la Movida cuando todo vale, aquí no pasa nada y, entonces, ¡boom!

Revolución.

Sí, podías cualquier cosa. ¿Querías droga? Fácil. ¿Sexo? Fácil. Que tampoco era tan fácil como ahora, pero comparado con unos años antes, que era imposible enrollarte con una tía si no te habías casado con ella… La cosa se empezó a abrir y todo era mucho más sencillo. Una de las cosas fáciles era la droga. Al que le apetecía la probaba y al que no, no. Lo que pasa es que luego la droga engancha al débil. Hubo gente que se había drogado muchísimo que supo salir. Fabio McNamara, por ejemplo. Hubo gente que se drogó mucho menos que él, pero era más débil y no salió.

¿Débil en cuanto a qué?

Débil en cuanto a personalidad, creo. Antonio, por ejemplo, era fuerte físicamente, siempre había sido deportista, pero era muy débil en el sentido de que se dejaba llevar por la droga, entre otras cosas porque él quería. No salió nunca porque no quiso. Pero sí, la gente más sensible se enganchaba más fácil. Pero creo que la mayoría que ha querido dejarlo de verdad lo ha dejado. La mayoría, no todos. Cuidado. Hay muchos que no pudieron y se murieron.

Ya, ya… ves grupos de la Movida y la mayoría están súper cascados. O muertos.

Claro, es que tomaban heroína y la heroína…

¿Crees que influyó la desinformación?

Bueno, todo el mundo sabía que no era bueno. A lo mejor Tampoco sabían las secuelas que les iba a dejar. Pero ahora hay mucha información de la coca y la gente se sigue metiendo. Y saben que en diez años se quedan tontos porque la coca, al final, te agujerea el cerebro. Para que veas que tampoco ha cambiado tanto en ese sentido. ¿Antes no había información? No. Pero uno sabe distinguir entre lo que es bueno y lo que no. No sabían hasta donde iba a llegar…

Pero al estar atados y de repente ¡boom!, es eso de que todo vale, ¿no?

También hay que tener en cuenta una cosa que se ha dicho muy poco: la generación de la Movida hemos sido la primera en saber más que nuestros padres. Eso influye muchísimo. La mayoría de los padres de la generación de los 80 era gente de pueblo que tenía muy poquitos estudios y vinieron a Madrid. Y, de repente, nosotros sí pudimos estudiar. Con lo cual, tampoco nos podían aconsejar en nada. La droga, no sabían lo que era. Y tú te ponías a pintar o a escribir poesía o a hacer cualquier cosa y tus padres no entendían ni de pintura, ni de poesía ni de nada.

¿Hay gente, ahora, que venga buscando la leyenda de la Movida?

Sí. Que quiera vivirla ahora a lo mejor no, pero sí que quiera recordarla y entenderla. Algunos quedan que quieren seguir viviendo la Movida, algunos…

¿Te consideras uno de ellos?

No. Yo viví la Movida, a lo mejor no tan intensamente como los músicos y tal, la viví de otra manera. Nunca la he echado de menos, ni antes que no estaba en el meollo, ni ahora que tampoco está. Tampoco la puedo echar de menos porque aquí la vivo, aunque no quiera. Además, yo soy una persona que me acuerdo de todo, también de las cosas malas.

¿Cuáles son esas cosas malas?

Lo que peor recuerdo de la Movida, es el tema de las drogas, de la gente que se moría y los atentados de ETA. Me marcaron mucho. En Prosperidad, donde yo vivía, se atentaba muchísimo. De hecho, he vivido dos directamente. Salir por la mañana al instituto y no saber si iba a haber un atentado… era jodido. Comparando ahora se está mucho más tranquilo. Y, también, que antes ibas por cualquier sitio y, o bien porque no eras de la tribu urbana que tenías que ser, o eras mod, te pillaban los rocker y cobrabas; o eras rojo y te pillaban los fachas. O al revés, eras facha y te pillaban los rojos. Vamos, que alguna te llevabas seguro.

Lo malo de la droga es que, aunque no estés dentro, si algún amigo tuyo sí, es difícil convencerle de dejarlo.

Bueno, de eso me di cuenta muy prontito. Que el que no quería, no salía. Cuando veía a un amigo que estaba metido en problemas, le decía: “Tío, vamos a salir de aquí”. Y la mayoría te decían “no”, o te decían “sí” y luego veías que no lo intentaban … Era duro, pero tampoco te podías fiar de ellos. Estabas tú sufriendo, siempre pringando y, al final, te tenías que quitar de en medio porque era muy fácil que te llevaran por delante. Porque cuando alguien está con el mono igual te atraca, te pega, te lo que sea por conseguir droga. Si no era muy, muy amigo, que sabías que no te iba a hacer nada por muy mal que estuviera, tenías que tener mucho cuidadito.

¿En quién has pensado?

(Se queda un rato mirando hacia abajo) Pues mira, he pensado en un chaval que se murió en mi barrio. No era muy amigo mío, pero me dio mucha pena. Se murió su padre y el tío se intentó suicidar e intenté ayudarle y como veía mi debilidad intentaba aprovecharse de mí. Le presté dinero, muy poquitas veces y muy poquito porque tampoco tenía. Y porque me quité del medio, pero sé que arrastró a mucha gente a meterse drogas y a robar y a hacer un montón de cosas. Era un tío encantador. Al final se acabó suicidando.

Tremendo.

Pero era muy típico, cuando alguien quería salir y no podía… Había que echarle huevos. Un chico que hizo la mili conmigo se metió en su casa y le dijo a su madre: “Haga lo que haga, oigas lo que oigas, no me saques de mi cuarto”. Le cerraron y le metían la comida por un agujerito en la puerta. Y se curó. A base de echarle huevos, la gente se curaba. Pero había gente que no tenía huevos para curarse y entonces se suicidaba, que era otra forma de echarle huevos. La gente que se droga sufre mucho. Un gran amigo mío, Ñete, el exbatería de Nacha Pop, que se drogó mucho, dijo alguna vez: “Al principio, te drogas para sentirte bien, luego te drogas para no sentirte mal”. Es muy triste.

Los que siguen vivos, ¿por qué crees que lo están?

Yo creo que porque en algún momento de su vida dijeron “Voy a parar”. Hay gente que lo hizo por sí sola y gente a la que le obligaron a hacerlo. Como a la mujer, la única mujer de Antonio Vega, Teresa.

Lo malo de la droga es que, aunque no estés dentro, si algún amigo tuyo sí, es difícil convencerle de dejarlo.

Bueno, de eso me di cuenta muy prontito. Que el que no quería, no salía. Cuando veía a un amigo que estaba metido en problemas, le decía: “Tío, vamos a salir de aquí”. Y la mayoría te decían “no”, o te decían “sí” y luego veías que no lo intentaban … Era duro, pero tampoco te podías fiar de ellos. Estabas tú sufriendo, siempre pringando y, al final, te tenías que quitar de en medio porque era muy fácil que te llevaran por delante. Porque cuando alguien está con el mono igual te atraca, te pega, te lo que sea por conseguir droga. Si no era muy, muy amigo, que sabías que no te iba a hacer nada por muy mal que estuviera, tenías que tener mucho cuidadito.

La del mural del Penta.

La del mural. Llegó un momento, por el año 95, en que estaba consumidísima. Debe medir 1,70 y pesaba 37 kilos, no más. O sea, hecha una pena. Y su familia se metió por medio, tenía un hermano en un caserío en el País Vasco y le dijeron: “Te vas allí a recuperarte”. Como no tenía mucha fuerza para nada, fue. Entonces, lo dejaron Teresa y Antonio. Y Teresa se curó. Yo la veo una vez al año y está perfecta.

¿Un símbolo de la Movida?

Para todo el mundo, Alaska; para mí, McNamara. Fabio es un tío con ideas propias que hacía de todo. Y lo que hacía lo hacía con el alma. Hace poco leí una historia acojonante. Son gente que se ha dado cuenta de que estaban más en el otro mundo que en este. Fabio estuvo a punto de morirse varias veces y de repente se dio cuenta de que había algo que le llamaba de alguna manera. Él compraba la droga en la puerta de una Iglesia y decía que muchas veces, sin saber por qué, entraba. Y con el tiempo sintió una llamada y ahora es católico ferviente.

Una canción de la Movida.

Mis canciones siempre van a Antonio y a Enrique Urquijo. Una de Enrique que no es suya pero como si lo fuera es Aunque tú no lo sepas. Y la de Buena chica, que es una canción que le describe perfectamente.

¿Qué se escuchaba en El Penta?

Sobre todo, lo que se escuchaba en Londres en aquella época. Al pinche que había le gustaba mucho la música inglesa y se iba a Londres cada dos fines de semana, compraba discos que todavía no se vendían en España y los traía aquí. Es uno de los motivos por los que venía la gente puntera. Y, luego, había una emisora aquí al ladito, Onda 2, y venían los DJ’s. Así se traspasaba música de un sitio a otro y El Penta fue cogiendo fama.

La gente venía aquí a escuchar, como dice la canción. Eso ya no pasa.

Creo que la cultura de escuchar música se ha perdido muchísimo. Antes nos comprábamos un disco y de las diez o doce canciones que había te gustaban una o dos, pero tu ponías el disco una y otra vez, hasta que te lo aprendías. Ahora no, ahora tenéis tanta cantidad de música que oís la canción que queréis y el tiempo que queréis. Yo lo veo en mis hijos y les digo: “Tío, pero escúchala entera que a lo mejor el final es lo más bonito”. “No, ya he oído todo lo que tenía que oír”.

Es importante la relación con el cliente habitual, ¿no?

En tantos años pasan un mogollón de cosas. Lo de los bares es una terapia para la gente. Vienes, te descargas y te tomas dos copas. Una vez me vino un tío, instructor de vuelo en Cuatro Vientos, y me dice: “Ponme un gintonic”. Pongo un gintonic y ras. “Ponme otro”, ras. “Ponme otro”. Luego ya me estuvo contando que se había caído dos veces con la avioneta, despegando. (De fondo suena La Cabra Mecánica: “Mata más gente el tabaco que los aviones”).

hablando de clientes habituales...¿Cómo era Enrique Urquijo?

Yo con Enrique tuve muy poquito trato, estuve con él cuatro o cinco veces. Al principio, como se le ve, muy tímido. Luego, cuando se iba abriendo, era un tío muy majo. Muy profundo. Eso siempre me ha chocado de Enrique y Antonio, lo profundo. Cuando las personas normales vemos una cosa ellos ven un poquito más allá. Otro ejemplo de Antonio: un día hablando, todo el mundo dice: “Lo que habrán visto estas paredes”, y él decía: “No las pintes nunca”. Todo el mundo se fija en la pared, la pintura es lógico que la vayas cambiando.

¿Y la cambiaste?

Hemos tenido que pintar, sí. Pero la barra la sigo manteniendo a base de gastarme dinero para renovarla. Está la pobre hecha una pena, arreglada por catorce sitios (Levanta una goma negra de publicidad y se ve desconchado el azul. Pega unos golpecitos en la barra). Este era el rincón de Antonio. Es que desde aquí se controla todo.

¿Qué te gustaría que quedara de esto?

Lo que está siendo, un poco el escaparate de entonces. Que la gente pueda venir y ver a través del bar cómo eran las cosas. El mural representa el espíritu de la Movida, mucha luz, mucho movimiento.

¿Ves factible una revolución cultural como la Movida, otra vez?

No. Aquello fue el momento. Generalmente, todo va subiendo, en rampa. Pero eso fue un escalón. Hubo mucha diferencia entre una generación y otra. Se empezó de cero. Lo viejo lo empezamos a recordar ahora. A mí, en esa época, no se me ocurría ni oír hablar de flamenco, porque era lo viejo, de una época de hacía 40 años, muy poco evolucionado. Hubo un salto muy grande que ahora no va a haber. Es difíci. (Recorre el bar con la mirada, desde ese rincón donde se controla todo y sigue hablando).Alguna vez ha venido gente haciendo rutas turísticas y uno, concretamente, les preguntaba: “¿Hay algún pub en tu pueblo?”. “Sí”. “¿Qué colores tiene?” “Pues rojo, negro, azul…”. ¿Qué colores ves aquí? El Penta ha influido en todos los bares de copas de España. Ten en cuenta que fue el primero. Negro, azul metalizado y rojo.

¿Qué rojo es?

Rojo inglés. Este es un marrón rojizo. No es el rojo inglés, que volverá dentro de no mucho. A mí me gusta el rojo, el rojo del Penta.

REFLEJO
LA CASA DE LAS COSTUS
En el 1º exterior izquierda del número 14 de la calle la Palma se encontraba la “Casa Costus”. El estudio del dueto formado por Enrique Naya y Juan Carrero no tardó en convertirse en el centro de reunión y creación de otros artistas, no sólo plásticos, desde Carlos Berlanga hasta Pedro Almodóvar.
LAS COSTUS

Patria. Costus 1986
© 2013 Costus.es. Derechos Reservados

EN NOMBRE DE LA PINTURA
Entre los nombres que abanderaron la vanguardia española del arte después de la dictadura franquista, desarrollada sobre todo en los apasionantes años 80, en Madrid como escenario principal y punto de encuentro de artistas de toda clase, están: Antonio Villa- Toro, Carlos Berlanga, Luis Miguélez, Carlos Antonio Suárez, mejor conocido como Carlos Luxor. Fabio McNamara y otras personas como Damaris Montiel, que destacaron en el diseño de joyas y esculturas.
LAS COSTUS

Patria. Costus 1986
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EL CINE, ARREBATADOR
Las tres películas más destacadas fueron Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Laberinto de pasiones, de Almodóvar, y Arrebato, del ya fallecido Iván Zulueta. Esta última fue una “obra maestra del cine español incomprendida” según gran parte de la crítica. En ella colaboraron Almodóvar, como doblador, y Alaska, con alguna aparición en las grabaciones con Super-8 del filme. Imposible no mencionar a Fabio McNamara, la mano derecha de Almodóvar tras disolver el grupo de música que juntos compusieron.
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Patria. Costus 1986
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LA MOVIDA EN FOTOS
En fotografía, en grande, encontramos a Alberto García- Alíx. Mínguez y la también poeta y pintora Ouka Leele. Ellos retrataron el espíritu rebelde de esta nueva ola dejando una herencia documental de un valor incalculable, además de experimentar con la fotografía.
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© 2013 Costus.es. Derechos Reservados

BUSCANDO LA CARICIA
TESA ARRANZ, ICONO DE LA MOVIDA

Si le dicen “Penta”, ella responde: Antonio Vega. Fue, según ella, uno de los hombres de su vida.
Era una de Los Zombies, ese grupo de música que reventó la lista de éxitos.
Tiene tantas historias en la piel que hacen falta muchas vidas para poder escucharlas todas.
Dice también que su historia se puede contar a través de tres elementos clave:
la búsqueda del amor, el descubrimiento de la droga y La Movida, aquella de los 80
y todas las que vinieron después.

Tesa Arranz destila la sensibilidad del que siempre se ha sentido fuera del puzzle. Es la amante eterna de la boca del lobo. No tiene miedo a nada, ni siquiera a la dama negra que es la muerte. De hecho, juguetea con ella desde los catorce años cuando empezó a consumir drogas y desde hace algunos años se permite incluso acariciarla. “Yo creo que muerto se debe estar de puta madre, por eso quiero morirme ya, y se ha acabado. Los muertos son felices porque la muerte es un premio a todo este disparate. Quiero morirme, y me quiero morir por aburrimiento. Necesito cambiar de aires
,dice con la voz juguetona de la niña inmortal y la señora de 57 años, con mucha, muchísima vida, que es ahora.

Un ménage a trois, así es como empezó todo. Fue con su mejor amiga del instituto y Miguel Ordóñez, quien formó junto a Bonezzi el grupo de Los Zombies. Si alguien tiene una imagen de Tesa es la de su baile en la canción de Groenlandia. Sin embargo, detrás de aquellos movimientos inquietos y aparentemente firmes, había una chica insegura. Para ella todo se basa en la búsqueda de huir de un mundo que no le es suficiente. Y es que afirma que esta vida nunca le ha llenado, ni nunca le llenará. De hecho, cuando se le pregunta por el recuerdo más feliz, ella responde al teléfono que es el que tiene dentro del útero de su madre. Es ahí donde no hay nada, de esta vida ya no quiero nada, estoy cansada

¿Cómo sobrevive una persona con tanta sensibilidad en la jungla de La Movida? “Con las drogas. Con la heroína aguanté mucho, con ella podía vivir, me ayudaba a salir a la calle. Llevo drogándome desde los 14 años”
Primero fueron “todas las pastillas habidas y por haber, luego me dio por el caballo y me hice yonki perdida”. Cuenta que entre canción y canción “echaba unas potas bestiales”. No era capaz de salir al escenario sin dos o tres copas y las rayas de cocaína que hicieran falta. Estuvo once años intentando encontrar las respuestas que tanto ansiaba encontrar en la heroína, más de una decada encerrada en el mono y en la evasión que le proporcionaba aquella jeringuilla.

Ella resume La Movida con tres palabras: sexo, drogas y abortos en Londres. Una de las anécdotas que más le gusta contar es cómo conoció los rincones más íntimos del bajista de Los Clash. Cuando fue al concierto le tiró una rosa al escenario que él recogió y guardó en su bolsillo. Después, cuando consiguió colarse en su hotel, le recordó que tenía su pequeña flor. Y así, después de alguna que otra copa de coñac, pasaron la noche juntos. “Era una monada, con un punto triste y desvalido. Siempre me han atraído los hombres así”. Y es ahí donde uno encuentra el otro vértice de Tesa: el amor.

Entre drogas y sexo salvaje, noches que se olvidaban a la mañana siguiente o algunas otras que ni siquiera ella recuerda, buscaba que alguien la cuidara. "Siempre he buscado el amor. Pero luego he sido una perra abandonada que vendía su amor por una caricia". El amor es lo único que le importa, susurra como si temiera que alguien la escuchara. Sin embargo, impacta la imagen, de primeras contradictoria, de sexo salvaje y la de la ternura del que necesita que le cuiden. "Para sentirme sentirme querida, necesito tener a alguien cerca y follando lo encontraba. Me daba igual todo, sólo quería estar acompañada. Quería ser en ese momento algo para alguien”

Uno se imagina que después de la gran tempestad que fue La Movida, vendría la calma. Muchos pasaron página de aquella revolución que inundó todos los ámbitos, otros no. Para la gente, La Movida fue una era que acabó, pero para mí significa una montaña rusa en la que he vivido desde que nací. O mejor dicho, desde que empecé con las drogas.
Muchos hablan de ella como la gran superviviente del fenómeno cultural que fue La Movida, y en parte es cierto porque “ha sobrevivido a todas sus historias, quizás para escribirlo y que la gente vea que no pasa nada por ser así, así o así”.

En la inmensidad infinita de su pensamiento, ella es incapaz de definirse porque dice que tiene cinco mujeres dentro. Sin embargo, los demás siempre se refieren a ella acompañándola de las cualidades de la dulzura y la sensualidad. No obstante, no se siente identificada con su propia leyenda. Ella no sabe quién es la niña que baila en los videoclips y escenarios, tampoco la que conoció el éxito con el grupo de Los Zombies; para ella solo hay un hay un recuerdo válido, y es el propio olvido.

¿Se puede olvidar todo lo vivido cuando has experimentado tanto? Tesa Arranz ha vivido violaciones, contrajo VIH, abortó, tiene trastorno bipolar desde que se tomó un cargamento de tripis a los 21 años, ha sufrido tantas depresiones que se han convertido en su único miedo, tiene un hijo de quien no sabe quién es el padre… Un desastre de vida, no sé cómo sigo viva con ese cúmulo de desgracias. Siempre me he autocastigado porque siempre he sentido que era una mierda. Autocastigo, autocastigo, autocastigo…. Hasta hace nada. Ahora, a sus 57 años, dice que está empezando a aceptarse y quererse. Sin embargo, de vez en cuando, se quiebra su coraza y se escucha su verdadera voz, la de la niña que quería comerse la vida y se dejó llevar… ¿Cómo lo hizo Antonio cuando iba al Penta? Como lo hacía Antonio, afirma.

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